martes, 4 de agosto de 2015

La esencia vegana de Timón de Atenas



La esencia vegana de Timón de Atenas
Gracias a Leonardo Garvas y las personas del taller de Shakespeare.

Shakespeare: El ocaso como esplendor
Cuando decimos Shakespeare, escuchamos Hamlet; pero pensamos Macbeth; pero sentimos Lear; deseamos Romeo y Julieta, y por desgracia, actuamos Othelo, y peor aún en este caso, nos metemos en el papel de Yago. Estos nombres, que llevan la misma nomenclatura de las obras más importantes –entre las hasta ahora escritas y las que están por escribirse--, son consideradas como el principal legado del bardo: el producto de su esplendor.

¿Y que comemos cuando decimos Shakespeare? Realmente lo que sea. ¿Por qué no aparece Timón de Atenas por ningún lado en los elogios al escritor más famoso de todos los tiempos?  ¿Por qué no piden leer TImón en las escuelas? Muchos la consideran una obra menor.  Algunas críticas se centran en que los personajes, y sobre todo Timón, no tienen la construcción interior de Hamlet, Lear y la demás banda shakespereana. Así, califican a las últimas obras importantes de William, como un ocaso: Coroliano, Timón y La Tempestad. Y como todo ocaso, son consideradas menores. Pero si vemos que la vida de Shakespeare el hilo de su obra, como si fuera eso, una obra –un montaje-, entonces vemos que como en toda obra de teatro, su esplendor está en su ocaso. El final construye la trama. ¿Que sería de Romeo y Julieta con un final feliz? La desolación final de Romeo y Julieta es el mismo esplendor de todo lo que va en medio. Porque para adolescentes besuqueándose basta darse una vuelta por el metro. Lo importante es que el amor no alcanza a defender la vida. Se trata de una postura. El secreto está en el final en todo, también en la vida y en la obra de Shakespeare. Estas últimas obras del dramaturgo, son de manufactura única y dan sentido a su periodo de duda. Son contundentes en su sentido de lo humano. Coroliano presenta el poder; La Tempestad la sociedad; Timón, al ser humano.

No sabemos si en un paralelismo similar, Shakespeare hizo lo mismo que su personaje Timón, de irse al final de su vida a un cerro a comer raíces en soledad. Pero al menos algo muy semejante parecía haber pasado. Esos últimos años son crípticos y solitarios. Se fue a morir. Pero antes de morir, igual que Timón, dijo lo que tenía que decir: enunciados contra la especie humana y la denuncia de su cobardía y su falta de esencia moral.

La anéctota: un bueno que se vuelve malo
La historia de Timón es bien simple, no tiene los deliciosos entramados de otras obras de Shakespeare, la genialidad de otros personajes, los paralelismos en el tiempo, las acciones simultáneas, las vistas de espejo –más barrocas que renacentistas-, ni ninguna de esas cosas que, aunque las inventara William, hace tanto, en contra partida de la estructura clásica del teatro griego (un lugar, en un tiempo, para una acción)--, aún hoy, para muchos siguen siendo vanguardia. El desarrollo de Timón, carece de esos recursos como el mismo Timón. Pero porque no los necesita. Timón ha decidido vivir en soledad, de forma sobria y con lo indispensable para vivir. Timón –la obra-- ha sida escrita del mismo modo, en soledad, de forma sobria y con lo indispensable para contar la historia. Es tan lineal como una obra costumbrista.

Un hombre muy rico, Timón, que siempre hace favores y regalos a amigos y paisanos, pierde su fortuna, aparentemente por los mismos motivos, entonces pide prestado a los mismos amigos, quienes se niegan al ver a su “amigo” ahora en desgracia económica y por lo tanto inútil para ellos. En ese momento, el protagonista, comprende de algún modo la naturaleza humana, carente de principios de amistad y gratitud pero siempre parlotera sobre los mismos principios. Timón, no es alguien que esté dispuesto a dar la otra mejilla; organiza un nuevo banquete y todos creen que en realidad no estaba en quiebra sino que la noticia de su reciente quiebra era simplemente una prueba de amistad, que dada la generosidad del hombre, habría de considerar superada a cambio de una disculpa. Así, los invitados, sin ninguna clase de escrúpulos, asisten y ven que el anfitrión sólo les ofrece agua tibia, más una serie de ofensas: “beban perros”. Luego va a vivir en soledad alimentándose de raíces hasta su muerte.

La ética de Timón
En todas las obras de Shakespeare, sin excepción, los personajes se transforman. Timón se transforma de un tonto inocente y generoso en una fiera de maldiciones que odia a la especie humana. De un sibarita a un vegano casi jaimista. Durante el proceso de transformación, primero emite algunos juicios irónicos, pero parece transformarse en energúmeno ya avanzada la obra, justo en la escena III del  acto IV: “Soy misántropo y odio a los humanos” le dice al capitán ateniense Alcibiades, a quien además le concede lo máximo que puede, “quisiera que fueras un perro, para quererte un poco”.

Pero le conmueve la naturaleza inanimada: “Raíces aclaráis los cielos, tanto de esto hará blanco lo negro, limpio lo sucio, recto lo torcido”. Y hace un perfecto diagnóstico del ser humano: “No hay en nuestras malditas naturalezas, nada nivelado. Salvo la villanía directa. Así que sed aborrecidas, fiestas, asociaciones y multitudes de hombres. Timón desdeña, sí, a su semejante, a sí mismo.” Y luego suelta la inevitable consecuencia de sus nuevos principios: “Aprieta destrucción a los humanos. Tierra dame raíces”.  Logra expresar su odio al máximo al utilitarismo cuando invita a Timandra a ser solo la consecuencia de sus actos: “Sigue puta, no te aman los que de ti hacen uso, dales enfermedades si en ti dejan lujuria, usa tu hora picante, sazona a los esclavos, para tinas y baños, tumba al rosado joven”.  Y más adelante se dirige a ella y Frinia: “confío en su oficio, continuad siendo putas, al que con pío aliento pretenda convertiros, infladlos”… “peste a las verrugas”. Etcétera. Cuando agota todas las ofensas posibles, mejor pide --de forma que de tan grotesca se vuelve elegante-- a Alcibiades “llévate a tus sabuesas”. No recuerdo haber visto nunca, al ser humano reducido a tan mínimo nivel.

Así vemos porque Timón, al contrario de Hamlet, Yago, y Macbeth no necesita diálogo en off. No es por las mismas razones que Romeo y Julieta a quienes su desbocada energía adolescente les hace innecesaria la reflexión interior porque piensan a la misma velocidad que viven. Timón es un viejo pero el actúa, no piensa. Hamlet y Macbeth se la pasan, como buenos burgueses, en la vacilación, sometiendo a un escrutinio secreto todos sus deseos. Solo piensan si lo que hacen está bien o mal. Por su actuar les es ajeno y los sorprende siempre hasta el final, a una decisión que además es mala. Halmet es ética y moral pura. No hay actos intermedios, solo el discurso que lleva al contundente hecho final. Timón es pura razón práctica. Solo ejerce lo que piensa, por eso no tiene diálogo interior, todo Timón es externo, es humano, es raíz, es árbol. Es radical. Dice todo lo que pasa por su mente sin necesidad de aduana alguna. Hamlet no podría decir lo que piensa porque es indebido, por eso tiene que usar el fino desprecio, la ironía. Yago no podría decirlo no por obstáculo moral, del que carece, sino porque adivinarían sus planes haciéndose imposibles. Timón considera que lo que piensa es lo correcto, que sus actos son suficientes y necesarios y confiesa odiar y desear la muerte a todos, aunque en realidad no mata a nadie, lo cual para ser un personaje shakespeareano es digno de consideración. Es la antítesis de los otros personajes que habitan las mismas antologías pero que no consuma su odio con el asesinato.

La ética de Timón es categórica mientras que la de Hamlet es hipotética. Para Timón recurrir a un amigo cuando se está en problemas era un hecho necesario y por eso quien llegaba a él era atendido. Pero cuando él llegó no fue atendido. Para Hamlet, matar o no matar, ser o no ser, depende de las circunstancias. Digamos que Hamlet es aristotélico y Timón es kantiano. Hamlet para ser digno tiene que ejercer su derecho y venganza, mientras que Timón para ser digno tiene que dejar de tener precio, justo como precisa la ética kantiana y entonces conservar lo humano. Paradójicamente, Timón odia al hombre justo cuando llega a amarlo, porque lo ama como un caso particular de la naturaleza. Para Hamlet en cambio, no existe la naturaleza. Todo es razón.  La ética de Timón, lo lleva a separarse del ser humano paradójicamente para ser humano. 

Como consecuencia inmediata… deja de matar animales.  El diálogo con Apemanto es revelador de su conciencia vegana:

APEMANTO. Y de noche Timón, ¿Dónde te acuestas?
TIMON. Debajo de lo que haya arriba, ¿Y de día Apemanto, donde comes?
APEMANTO. Donde encuentre mi estómago carne, o más bien, donde me la coma
TIMON. Si el veneno supiera obedecer y leyera mi mente.
APEMANTO. ¿A dónde lo enviarías?
TIMON. A sazonar tus platos.
APEMANTO. El término medio de lo humano tu jamás lo conociste, sino solo ambos extremos. Cuando estabas en tus dorados y perfumes, se mofaban de ti por el exceso de quisquillosidad. En tus andrajos no conoces nada de eso, sino que te desprecian por lo contrario. Aquí hay pasas para ti, digiérelas.
TIMON. De lo que no digiero no me nutro
APEMANTO. ¿Qué no digieres pasas?
TIMON. Así es aunque en verdad se te parecen
APEMANTO. Si hubieras sido más rápido para no digerir a los que se pasan, te querrías más a ti mismo que ahora. ¿Conociste alguna vez a un manirroto que fuera querido después de haber perdido sus medios?
TIMPON ¿Y a quien conociste que sin esos medios de los que hablas fuera querido?
APEMANTO. A mí
TIMON. Entiendo, tuviste algunos medios como para mantener un perro.

Cuando se cruza con bandidos no es distinto que cuando se cruza con “amigos”:
TIMON “Vuestra necesidad es una gran necesidad de carne, ¿Por qué me necesitáis? Fijaos, hay raíces en la tierra; cien manantiales brotan a menos de una milla; dan bellotas los robles, las mosquetas sus frutos color púrpura; y la naturaleza, bondadosa ama de casas, en cada arbusto, pone su mesa entera ante vosotros. ¡Necesidad? ¿Por qué?
PRIMER BANDIDO. No podemos vivir de pasto, moras y agua. Lo mismo que las bestias, los pájaros y peces.
TIMON. Ni tampoco de bestias, de pájaros y peces. Tenéis que comer hombres. Pero he de agraceros. Puesto que sois ladrones profesos, y no obráis. Bajo formas más santas; pues hay robo sin límites, en muchas profesiones limitadas. Bien canallas, ladrones, aquí hay oro. Id, chupad sutil sangre de viña, hasta que la alta fiebre os gafa hervir la sangre con espuma y así escapéis a la horca. No confiéis en el médico. Sus antídotos son veneno, y asesina más que robáis vosotros. Tomad riqueza y vidas a la vez.
Timón no ve diferencia entre el humano y la bestia, pero se inclina por la segunda. Perro es ofensa igual que halago. Timón está más allá del bien y del mal y ha descubierto la esencia humana.

Un mensajero analfabeta saca un relieve en cera del epitafio en la tumba de Timón que leerá Alcibiades: “Aquí yace un cadáver miserable, de un alma miserable ya privada; mi nombre no busquéis, que una peste os consuma malditos presos que aun habéis quedado. Aquí to, timón yazgo, que en vida odié a todo hombre que vivía; pasa y maldice todo lo que quieras, pero pasa de aquí y sigue tu vía…” Etcétera.


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