viernes, 14 de agosto de 2015

La paciencia del buitre


El buitre y sus costumbres

La academia española ofrece dos acepciones de buitre:


buitre.
(Del lat. vultur, -ŭris).
1. m. Ave rapaz de cerca de dos metros de envergadura, con el cuello desnudo, rodeado de un collar de plumas largas, estrechas y flexibles, cuerpo leonado, remeras oscuras y una faja blanca a través de cada ala. Se alimenta de carne muerta y vive en bandadas.
2. m. Persona que se ceba en la desgracia de otro.



Sobre la primera acepción podemos decir que la zoologia considera que el hecho de que el buitre carezca de plumas en el cuello o en la cabeza puede ser un signo evolutivo de no necesitarlas, porque estás se mancharían de sangre. Sin embargo,  también considera que varias especies de buitres no tienen garras pues están adaptados a vivir solo de las presas muestras y no tienen que entablar una batalla. Los buitres vuelan alto y viven en grupo. Su alimentación es lo que más ha llamado la atención del ser humano. Los buitres esperan a que algún mamífero de buena talla muera para ir sobre su cadáver y alimentarse de él. Ellos no lo matan. Van sobre un cuerpo inerte cuya descomposición está por comenzar y que si no lo consumen será consumido por bacterias o roedores. Poseen una especie de sensor remoto pues no necesitan para su alimentación oler la comida, sino verla, por eso tienen tan buena vista.


El prestigio del buitre

Sobre la segunda acepción, vemos la visión que tiene el ser humano actual sobre los buitres. En la antigüedad los buitres gozaban de prestigio. En la cultura azteca los buitres sólo simbolizaban el invierno. Para los celtas los buitres eran mensajeros de los dioses. En Egipto simbolizaban fertilidad y en Roma eran símbolo de buena suerte. 

Pero el prestigio se acabó. Como pasa con los animales carnívoros, no fueron del gusto de las culturas judeocristianas en términos alimenticios, es decir, a diferencia de los animales hervívoros, los buitres no son "comestibles", son impuros, ¡como sería de impuro el ser humano!. 

A pesar de que hay especies de buitres particularmente hermosas como el buitre leonado, esta especie no tiene muy buen prestigio entre la gente. En 1993 el fotógrafo Kevin Carter gana el premio Pullitzer por una foto donde un buitre, se supone, asecha con peligro a una niña africana en condiciones de hambre. 

En las finanzas les llaman fondos buitres a aquellos que son invertidos en empresas próximas a la quiebra para apoderarse de ellas. Muchos han culpado de la crisis griega a los inversionistas buitres. 

El buitre representa para el ser humano el símbolo de la codicia, el acecho, el oportunismo. De forma, expresiva, Unamuno condensa esa visión en su poema Mi Buitre:

Este buitre voraz de ceño torvo 
que me devora las entrañas fiero 
y es mi único constante compañero 
labra mis penas con su pico corvo. 

El día en que le toque el postrer sorbo 
apurar de mi negra sangre, quiero 
que me dejéis con él solo y señero 
un momento, sin nadie como estorbo. 

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía 
mientras él mi último despojo traga, 
sorprender en sus ojos la sombría 

mirada al ver la suerte que le amaga 
sin esta presa en que satisfacía 
el hambre atroz que nunca se le apaga.



O el buitre de Kafka cuya víctima prefiere dejarse picotear los pies para salvar el resto del cuerpo hasta que el buitre se apura para clavarse en la garganta del hombre. 



Pero soreprendería, si alquien se pusiera a pensar en ello, que el buitre es sinónimo de lo contrario a lo que es. El buitre no mata, sólo espera a que alguien deje su cuerpo. No emprende batalla y deja vivir a su víctima hasta su último suspiro. Ya cuando su cuerpo no le sirve, va por él. Entonces un ser muerto sirve a uno vivo. Esa acción no tiene nada que ver con los símbolos actuales que se le dan al buitre. Ni siquiera es un parasitarismo, el buitre va por un costal de viceras que ya no tienen dueño. Un cuerpo abandonado a que a nadie servirá. 


Al ser humano le debe parecer muy noble formar a todas las vacas en un estado de angustia e irlas matando una por una par a luego vaciarlas en un embutido en vez de esperar a que mueran y vivan una vida completa. 


¿No es más noble esperar a que se mueran?


Pero la pregunta más dificil. ¿Por qué se asocia a un animal que debería ser sinónimo de nobleza pues no depreda como sinónimo de lo contrario que es? ¿Por que el humano convierte matar en un valor y dejar vivir como un vicio? Yo no lo entiendo.

martes, 4 de agosto de 2015

La esencia vegana de Timón de Atenas



La esencia vegana de Timón de Atenas
Gracias a Leonardo Garvas y las personas del taller de Shakespeare.

Shakespeare: El ocaso como esplendor
Cuando decimos Shakespeare, escuchamos Hamlet; pero pensamos Macbeth; pero sentimos Lear; deseamos Romeo y Julieta, y por desgracia, actuamos Othelo, y peor aún en este caso, nos metemos en el papel de Yago. Estos nombres, que llevan la misma nomenclatura de las obras más importantes –entre las hasta ahora escritas y las que están por escribirse--, son consideradas como el principal legado del bardo: el producto de su esplendor.

¿Y que comemos cuando decimos Shakespeare? Realmente lo que sea. ¿Por qué no aparece Timón de Atenas por ningún lado en los elogios al escritor más famoso de todos los tiempos?  ¿Por qué no piden leer TImón en las escuelas? Muchos la consideran una obra menor.  Algunas críticas se centran en que los personajes, y sobre todo Timón, no tienen la construcción interior de Hamlet, Lear y la demás banda shakespereana. Así, califican a las últimas obras importantes de William, como un ocaso: Coroliano, Timón y La Tempestad. Y como todo ocaso, son consideradas menores. Pero si vemos que la vida de Shakespeare el hilo de su obra, como si fuera eso, una obra –un montaje-, entonces vemos que como en toda obra de teatro, su esplendor está en su ocaso. El final construye la trama. ¿Que sería de Romeo y Julieta con un final feliz? La desolación final de Romeo y Julieta es el mismo esplendor de todo lo que va en medio. Porque para adolescentes besuqueándose basta darse una vuelta por el metro. Lo importante es que el amor no alcanza a defender la vida. Se trata de una postura. El secreto está en el final en todo, también en la vida y en la obra de Shakespeare. Estas últimas obras del dramaturgo, son de manufactura única y dan sentido a su periodo de duda. Son contundentes en su sentido de lo humano. Coroliano presenta el poder; La Tempestad la sociedad; Timón, al ser humano.

No sabemos si en un paralelismo similar, Shakespeare hizo lo mismo que su personaje Timón, de irse al final de su vida a un cerro a comer raíces en soledad. Pero al menos algo muy semejante parecía haber pasado. Esos últimos años son crípticos y solitarios. Se fue a morir. Pero antes de morir, igual que Timón, dijo lo que tenía que decir: enunciados contra la especie humana y la denuncia de su cobardía y su falta de esencia moral.

La anéctota: un bueno que se vuelve malo
La historia de Timón es bien simple, no tiene los deliciosos entramados de otras obras de Shakespeare, la genialidad de otros personajes, los paralelismos en el tiempo, las acciones simultáneas, las vistas de espejo –más barrocas que renacentistas-, ni ninguna de esas cosas que, aunque las inventara William, hace tanto, en contra partida de la estructura clásica del teatro griego (un lugar, en un tiempo, para una acción)--, aún hoy, para muchos siguen siendo vanguardia. El desarrollo de Timón, carece de esos recursos como el mismo Timón. Pero porque no los necesita. Timón ha decidido vivir en soledad, de forma sobria y con lo indispensable para vivir. Timón –la obra-- ha sida escrita del mismo modo, en soledad, de forma sobria y con lo indispensable para contar la historia. Es tan lineal como una obra costumbrista.

Un hombre muy rico, Timón, que siempre hace favores y regalos a amigos y paisanos, pierde su fortuna, aparentemente por los mismos motivos, entonces pide prestado a los mismos amigos, quienes se niegan al ver a su “amigo” ahora en desgracia económica y por lo tanto inútil para ellos. En ese momento, el protagonista, comprende de algún modo la naturaleza humana, carente de principios de amistad y gratitud pero siempre parlotera sobre los mismos principios. Timón, no es alguien que esté dispuesto a dar la otra mejilla; organiza un nuevo banquete y todos creen que en realidad no estaba en quiebra sino que la noticia de su reciente quiebra era simplemente una prueba de amistad, que dada la generosidad del hombre, habría de considerar superada a cambio de una disculpa. Así, los invitados, sin ninguna clase de escrúpulos, asisten y ven que el anfitrión sólo les ofrece agua tibia, más una serie de ofensas: “beban perros”. Luego va a vivir en soledad alimentándose de raíces hasta su muerte.

La ética de Timón
En todas las obras de Shakespeare, sin excepción, los personajes se transforman. Timón se transforma de un tonto inocente y generoso en una fiera de maldiciones que odia a la especie humana. De un sibarita a un vegano casi jaimista. Durante el proceso de transformación, primero emite algunos juicios irónicos, pero parece transformarse en energúmeno ya avanzada la obra, justo en la escena III del  acto IV: “Soy misántropo y odio a los humanos” le dice al capitán ateniense Alcibiades, a quien además le concede lo máximo que puede, “quisiera que fueras un perro, para quererte un poco”.

Pero le conmueve la naturaleza inanimada: “Raíces aclaráis los cielos, tanto de esto hará blanco lo negro, limpio lo sucio, recto lo torcido”. Y hace un perfecto diagnóstico del ser humano: “No hay en nuestras malditas naturalezas, nada nivelado. Salvo la villanía directa. Así que sed aborrecidas, fiestas, asociaciones y multitudes de hombres. Timón desdeña, sí, a su semejante, a sí mismo.” Y luego suelta la inevitable consecuencia de sus nuevos principios: “Aprieta destrucción a los humanos. Tierra dame raíces”.  Logra expresar su odio al máximo al utilitarismo cuando invita a Timandra a ser solo la consecuencia de sus actos: “Sigue puta, no te aman los que de ti hacen uso, dales enfermedades si en ti dejan lujuria, usa tu hora picante, sazona a los esclavos, para tinas y baños, tumba al rosado joven”.  Y más adelante se dirige a ella y Frinia: “confío en su oficio, continuad siendo putas, al que con pío aliento pretenda convertiros, infladlos”… “peste a las verrugas”. Etcétera. Cuando agota todas las ofensas posibles, mejor pide --de forma que de tan grotesca se vuelve elegante-- a Alcibiades “llévate a tus sabuesas”. No recuerdo haber visto nunca, al ser humano reducido a tan mínimo nivel.

Así vemos porque Timón, al contrario de Hamlet, Yago, y Macbeth no necesita diálogo en off. No es por las mismas razones que Romeo y Julieta a quienes su desbocada energía adolescente les hace innecesaria la reflexión interior porque piensan a la misma velocidad que viven. Timón es un viejo pero el actúa, no piensa. Hamlet y Macbeth se la pasan, como buenos burgueses, en la vacilación, sometiendo a un escrutinio secreto todos sus deseos. Solo piensan si lo que hacen está bien o mal. Por su actuar les es ajeno y los sorprende siempre hasta el final, a una decisión que además es mala. Halmet es ética y moral pura. No hay actos intermedios, solo el discurso que lleva al contundente hecho final. Timón es pura razón práctica. Solo ejerce lo que piensa, por eso no tiene diálogo interior, todo Timón es externo, es humano, es raíz, es árbol. Es radical. Dice todo lo que pasa por su mente sin necesidad de aduana alguna. Hamlet no podría decir lo que piensa porque es indebido, por eso tiene que usar el fino desprecio, la ironía. Yago no podría decirlo no por obstáculo moral, del que carece, sino porque adivinarían sus planes haciéndose imposibles. Timón considera que lo que piensa es lo correcto, que sus actos son suficientes y necesarios y confiesa odiar y desear la muerte a todos, aunque en realidad no mata a nadie, lo cual para ser un personaje shakespeareano es digno de consideración. Es la antítesis de los otros personajes que habitan las mismas antologías pero que no consuma su odio con el asesinato.

La ética de Timón es categórica mientras que la de Hamlet es hipotética. Para Timón recurrir a un amigo cuando se está en problemas era un hecho necesario y por eso quien llegaba a él era atendido. Pero cuando él llegó no fue atendido. Para Hamlet, matar o no matar, ser o no ser, depende de las circunstancias. Digamos que Hamlet es aristotélico y Timón es kantiano. Hamlet para ser digno tiene que ejercer su derecho y venganza, mientras que Timón para ser digno tiene que dejar de tener precio, justo como precisa la ética kantiana y entonces conservar lo humano. Paradójicamente, Timón odia al hombre justo cuando llega a amarlo, porque lo ama como un caso particular de la naturaleza. Para Hamlet en cambio, no existe la naturaleza. Todo es razón.  La ética de Timón, lo lleva a separarse del ser humano paradójicamente para ser humano. 

Como consecuencia inmediata… deja de matar animales.  El diálogo con Apemanto es revelador de su conciencia vegana:

APEMANTO. Y de noche Timón, ¿Dónde te acuestas?
TIMON. Debajo de lo que haya arriba, ¿Y de día Apemanto, donde comes?
APEMANTO. Donde encuentre mi estómago carne, o más bien, donde me la coma
TIMON. Si el veneno supiera obedecer y leyera mi mente.
APEMANTO. ¿A dónde lo enviarías?
TIMON. A sazonar tus platos.
APEMANTO. El término medio de lo humano tu jamás lo conociste, sino solo ambos extremos. Cuando estabas en tus dorados y perfumes, se mofaban de ti por el exceso de quisquillosidad. En tus andrajos no conoces nada de eso, sino que te desprecian por lo contrario. Aquí hay pasas para ti, digiérelas.
TIMON. De lo que no digiero no me nutro
APEMANTO. ¿Qué no digieres pasas?
TIMON. Así es aunque en verdad se te parecen
APEMANTO. Si hubieras sido más rápido para no digerir a los que se pasan, te querrías más a ti mismo que ahora. ¿Conociste alguna vez a un manirroto que fuera querido después de haber perdido sus medios?
TIMPON ¿Y a quien conociste que sin esos medios de los que hablas fuera querido?
APEMANTO. A mí
TIMON. Entiendo, tuviste algunos medios como para mantener un perro.

Cuando se cruza con bandidos no es distinto que cuando se cruza con “amigos”:
TIMON “Vuestra necesidad es una gran necesidad de carne, ¿Por qué me necesitáis? Fijaos, hay raíces en la tierra; cien manantiales brotan a menos de una milla; dan bellotas los robles, las mosquetas sus frutos color púrpura; y la naturaleza, bondadosa ama de casas, en cada arbusto, pone su mesa entera ante vosotros. ¡Necesidad? ¿Por qué?
PRIMER BANDIDO. No podemos vivir de pasto, moras y agua. Lo mismo que las bestias, los pájaros y peces.
TIMON. Ni tampoco de bestias, de pájaros y peces. Tenéis que comer hombres. Pero he de agraceros. Puesto que sois ladrones profesos, y no obráis. Bajo formas más santas; pues hay robo sin límites, en muchas profesiones limitadas. Bien canallas, ladrones, aquí hay oro. Id, chupad sutil sangre de viña, hasta que la alta fiebre os gafa hervir la sangre con espuma y así escapéis a la horca. No confiéis en el médico. Sus antídotos son veneno, y asesina más que robáis vosotros. Tomad riqueza y vidas a la vez.
Timón no ve diferencia entre el humano y la bestia, pero se inclina por la segunda. Perro es ofensa igual que halago. Timón está más allá del bien y del mal y ha descubierto la esencia humana.

Un mensajero analfabeta saca un relieve en cera del epitafio en la tumba de Timón que leerá Alcibiades: “Aquí yace un cadáver miserable, de un alma miserable ya privada; mi nombre no busquéis, que una peste os consuma malditos presos que aun habéis quedado. Aquí to, timón yazgo, que en vida odié a todo hombre que vivía; pasa y maldice todo lo que quieras, pero pasa de aquí y sigue tu vía…” Etcétera.


domingo, 2 de agosto de 2015

"Vivos se los llevaron, vivos los queremos" y otros mantras cantaletíticos.




"Vivos se los llevaron..."
Muchos seres humanos siempre se rasgan las vestiduras frente a los asesinatos de humanos, pero son indiferentes al asesinato sistemático de animales sobre todo para consumo humano. Ni siquiera asumen la consecuencia de que ver como natural el asesinato de naturales lleva a la necesidad de ver natural el asesinato ente humanos.

Eso es una contradicción, pues si consideramos que matar está mal, no debe ser una excepción cuando esa muerte me favorece, pues entonces debería al menos aceptar, que el homicidio de otras personas favoreció a alguien y por lo tanto está justificado. Esa doble cara de la moral que se ha instalado a partir de la ética aristotélica y su refinamiento cristiano santotomasiano, lleva a pensar que matar animales esta bien o mal, según le convenga a uno, cuando es total y absolutamente antiético. Es necesario mencionar también que el Papa Francisco, es el primero que aunque tímidamente, ha llamado la atención de que la iglesia debe comenzar a ver a los animales.

Hace poco mataron a 47 estudiantes en Méjico. Miles de personas lo han usado como emblema contra la violencia con un lema que se ha vuelto cantaleta "vivos se los llevaron vivos los queremos". Ese mantra, igual lo repetir como loroun sacerdote budista, que un militar, un oficinista, o un asesino serial. Generalmente queda puesto sobre la revolución de teclado, en redes sociales que son vistas por los revolucionarios de teclado, en dispositivos como ipads y demás. Ha dejado de tener sentido. En Google la frase reporta, 171k resultados, sólo la mitad que la frase "patria o muerte" con casi un siglo de vida. En cambio, sólo en EU, mueren al año 2.7 millones de animales en favor de los caprichos humanos, para comida o vestido. Nadie se inmuta, no hay manifestaciones porque hoy en día, exigir que se acabe el asesinato animal, es considerado una falta de respeto a los principios ajenos. Es decir, matar o no matar es una opción moral. Pero a los animales también vivos se los llevaron y tampoco nunca regresarán pero no hay frase para tal indignación.

"Un pesacado sin carne": La confusión de los reinos
Lo anterior es porque la gente, aunque se considera superior a los animales por tener inteligencia, prácticamente no piensa y ni siquiera somete sus propios actos a escrutinio.

Casi a cualquier vegano le ha pasado, cuando pregunta al mesero del restaurante, tras ver el menú abundante en carne.
-¿No tienes algo sin carne?
-Sí claro, muchas cosas -por un momento piensas que San Francisco de Asis hizo por fin de las suyas- ... pollo con mole...
-No, pero sin carne, quiero algo que no corra pero que tampoco vuele... -tratas de graficar un poco
-Ah, eh, tampoco pollo. Claro, tenemos pescado...
-... no, sin carne, de ningún animal, ni de tierra, ni aire ni agua
- Ah ya, claro es vegetariano, tenemos escamoles

Para no entrar en discusión sobre los reinos biológicos eres exhaustivo
-No, algo como hongos, flor de calabaza, huitlacoche, alguna ensalada, pasto si quieres...

Siempre tienen por ahí algún "platillo" con vegetales que les sobran que sirven como puños de hierva  al que llaman ensalada. Ni modo.

El asunto no es gastronómico, se trata aquí, más bien, de ver como el ser humano define animal por aproximación a lo humano. Si tienes dos pies como el chimpancé, entonces eres muy animal, si tienes cuatro patas pero eres cordado, más o menos animal, si vuelas, ya casi no eres animal pero todavía entras de panzazo en el reino animal, y si nadas menos. Ya un gusano, es considerado parte del reino vegetal, y los insectos casi son minerales. Y luego, paradójicamente, el humano, no es considerado animal. Hay una confusión de reinos, sobre todo porque se supone que el humano es el heredero del reino de los cielos, y el resto sus criaturas. Sin embargo, los últimos estudios del mapa del genoma humano, nos muestran que somos tan semejantes a casi todos los animales, que quizá para algún tipo de extraterrestre seríamos exactamente lo mismo. De hecho, aún a falta de extraterrestres la hipótesis se actualiza... somos idénticos que los monos, perros, gatos, para muchas bacterias, a las que les da lo mismo vivir en cualquier animal. Casi nadie se comería un chango, por que se nos parece mucho. Un perro o un gato, con de la familia así que tampoco. La vaca que no se sienta si le decimos, o los puercos que mueven la cola pero no para complacernos, se pueden comer. Y así. Los gusanos vuelven a ser despreciados -por fortuna para ellos- de la mesa, porque ya son minerales.

"No los asesinan, sólo los matan": La confusión del término asesinato
Si bien homicidio se refiere a matar a un humano. El término asesinato se refiere a cualquier individuo consciente de sí. Pero si confundimos los reinos, aprovechamos para pensar que matar a un animal no es asesinato, y nos libramos de una carga. Pues en la biblia dice "no matarás", pero no aplica a los animales porque no tienen alma. Una vez presencié un asesinato, y muchos años pensé que era el primero que había visto. Luego vi cadáveres cuando estudié la carrera de criminalística, y pensé que eran los primeros que veía. Sin embargo, el primer cadáver que vi no fue durante mi carrera como criminalista, ni del primer asesinato que presencié, sino, sobre la mesa. Como son cadáveres, de algo poco semejante a lo humano, según la vista humana, pues se consideran una cosa deliciosa sobre la mesa. Aun que huelan a la mismísima muerte para el humano, los animales sobre la mesa, no son cadáveres.

A los niños en la primaria se les dice "la vaca nos da su carne, el pollo nos da huevo", etc. Pero es claro que nadie ha visto a una vaca ofreciendo su carne al humano solo porque este se considera el hijo de Dios. El cristianismo destruyó la cultura Catara y con ello la aceptación de los animales como iguales. Hitler, también, basado en la doctrina cristiana quizo acabar con los judios que entre sus prácticas, tienen algunos principios incipientes del respeto a los animales, muy avanzados para la época en que se fundó el judaismo aunque insuficientes para esta época. El cristianismo ha dado los argumentos necesarios a quien necesite no sentir culpa sobre los asesinatos que comete, ya sea en grado de consumación o en grado de complicidad.

"No me maten, porque para matar, tengo que matar": Etica apegada a la costumbre o a la razón
Así, definir el asesinato se ha basado no en la descripción del acto que es muy simple: quitar la vida. Se ha basado en términos morales, es decir, es asesinato quitar la vida de alquien que me cae bien. En este sentido, la gente se asusta de la violencia que impera en el mundo porque siente que no hay leyes que le garanticen una larga vida, pero no le importa si esa violencia se orienta a terminar con la vida de los animales. Esa moral es muy defectuosa. Es incluso más coherente una moral asesina del tipo:"yo estoy de acuerdo con el asesinato, por eso mato animales, lo mismo que personas". En esta moral, no hay problemas lógicos por lo que podría hasta convertirse en un sistema ético. Pero una moral que funciona a partir de preferencias, gustos y costumbres es totalmente absurda.

Kant estableció la crítica de la razón práctica, es decir, una ética absoluta que investiga cual es el imperativo categórico (la regla que debe gobernar de forma universal), aunque acepta que quizá no esté a su alcance. Es decir, una ética universal, con una sóla solución. No es la ética preferida por el mundo que se basa más en la ética de la costumbre establecida por Aristóteles, donde todo es relativo y por lo tanto moviéndole un poquito por aca y por allá terminará por ajustarse a lo que me convenga. Así, todas las dicusiones éticas sobre matar o no matar animales terminan en algo como. "Bueno, para ti es malo matar animales, para mi no, así que cada quien como es, tu come raices, yo como bisteces". Está ética moral, basada en la costumbre (yo acostumbro matar y tu no) sería perfecta sino que fuera sumamente selectiva, caprichosa y convenenciera. Además de que se basa en una costumbre evolutiva. Ahí tenemos a personas que en su vida han leído a Darwin diciendo "es que el humano ha evolucionado gracias a la carne que come, por eso tenemos colmillos, necesitas proteina". Y te muestran sus colmillos amarillentos por el cigarro y picados por el refresco. Pero se brincan las aproximaciones de la más grande de todas las darwinianas: Lynn Marguilis, que nos ha hecho ver, que algunas especies han evolucionando colaborando con otras en vez de compitiendo. Cuando a esas personas les dices "tu nunca sales corriendo tras tu presa, la esperas en el refrigerador de la tienda, o sea, ejercitas tus dientes pero has decidido dejar de ejercitar tus piernas", entonces te dicen intolerante. Claro, la costumbre evolutiva es también muy selectiva. Esos darwinianos empedernidos en decir que estamos capacitados para matar no asumen las últimas consecuencias de esa teoría que les llevaría a Marguilis. El mundo tampoco le hace mucho eco a esas teorias, por que la conclusión sería que no es la guerra sino la paz lo que permite la evolución. Vaya.

No cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor: El imperativo categórico animal
Siempre hay una salida de emergencia. Quien mata animales no cree que su acto necesite ser sometido al juicio ético. Pues la ética relativista lo refiere a la costumbre que está llena de falacias, por ejemplo, si todo mundo lo hace, no es censurable. La verdad es que sí. Matar animales está mal, al menos siguiendo el perfectamente bien contruido edificio de la ética kantiana, de mucho mejor hechura que el casi ruinesco edificio de la ética aristotélica. Kant da la fórmula del imperativo categórico (la verdad ética universal) a partir de algo muy simple: las personas no pueden ser medios para la consecusión de un fin. Pues entonces, habría que acpetarse uno mismo como medio. Bajo esta fórmula, no hay forma de que sea ético matar animales. El mismo Kant llegó a la conclusión de no comerlos.

La "ética" o mejor dicho, el intento de ética que soporta la validez del asesinato a los animales es muy ridículo. Se basa en aproximaciones utilitarias como "tengo que comer", siendo que la ética no admite juicios utilitarios, pues a partir de una premisa similar "tengo que matar para desestresarme" un asesino serial argumentaría a su favor, y de hecho así es como argumenta a su favor. Al no tener posibilidad de solución ética, el acto infame de matar animales, termina con justificaciones "chistosas" o ofreciendo toda una gama de falacias formales como:  "ah, entonces tu asesinas lechugas", de las cuales hablaremos en otra ocasión.  Por el momento, basta decir que el humano es muy hipócrita, se escandaliza (sólo aparentemente) de la violencia, porque la ve enfrente de él y a si mismo se ve como víctima potencial, y por eso no le importa la raíz de la aceptación de esa violencia que comienza con la costumbre "evolutiva" de ver cadáveres sobre la mesa. Así que para terminar con toda esa violencia, a todos esos animales que asesinamos todos los días, vivos se los llevaron, vivos los queremos. Cuando aparezca el entendimiento de que no hay diferencia, nadie verá lógico el acto de matar.