La esencia
vegana de Timón de Atenas
Gracias a Leonardo Garvas
y las personas del taller de Shakespeare.
Shakespeare: El ocaso
como esplendor
Cuando decimos Shakespeare,
escuchamos Hamlet; pero pensamos Macbeth; pero sentimos Lear; deseamos Romeo y
Julieta, y por desgracia, actuamos Othelo, y peor aún en este caso, nos metemos
en el papel de Yago. Estos nombres, que llevan la misma nomenclatura de las
obras más importantes –entre las hasta ahora escritas y las que están por
escribirse--, son consideradas como el principal legado del bardo: el producto
de su esplendor.
¿Y que comemos cuando decimos
Shakespeare? Realmente lo que sea. ¿Por qué no aparece Timón de Atenas por
ningún lado en los elogios al escritor más famoso de todos los tiempos? ¿Por qué no piden leer TImón en las escuelas?
Muchos la consideran una obra menor. Algunas críticas se centran en que los
personajes, y sobre todo Timón, no tienen la construcción interior de Hamlet,
Lear y la demás banda shakespereana. Así, califican a las últimas obras
importantes de William, como un ocaso: Coroliano, Timón y La Tempestad. Y como
todo ocaso, son consideradas menores. Pero si vemos que la vida de Shakespeare
el hilo de su obra, como si fuera eso, una obra –un montaje-, entonces vemos
que como en toda obra de teatro, su esplendor está en su ocaso. El final
construye la trama. ¿Que sería de Romeo y Julieta con un final feliz? La
desolación final de Romeo y Julieta es el mismo esplendor de todo lo que va en
medio. Porque para adolescentes besuqueándose basta darse una vuelta por el
metro. Lo importante es que el amor no alcanza a defender la vida. Se trata de
una postura. El secreto está en el final en todo, también en la vida y en la
obra de Shakespeare. Estas últimas obras del dramaturgo, son de manufactura única
y dan sentido a su periodo de duda. Son contundentes en su sentido de lo
humano. Coroliano presenta el poder; La Tempestad la sociedad; Timón, al ser
humano.
No sabemos si en un paralelismo
similar, Shakespeare hizo lo mismo que su personaje Timón, de irse al final de
su vida a un cerro a comer raíces en soledad. Pero al menos algo muy semejante
parecía haber pasado. Esos últimos años son crípticos y solitarios. Se fue a
morir. Pero antes de morir, igual que Timón, dijo lo que tenía que decir:
enunciados contra la especie humana y la denuncia de su cobardía y su falta de
esencia moral.
La anéctota: un bueno
que se vuelve malo
La historia de Timón es bien
simple, no tiene los deliciosos entramados de otras obras de Shakespeare, la
genialidad de otros personajes, los paralelismos en el tiempo, las acciones
simultáneas, las vistas de espejo –más barrocas que renacentistas-, ni ninguna de
esas cosas que, aunque las inventara William, hace tanto, en contra partida de
la estructura clásica del teatro griego (un lugar, en un tiempo, para una
acción)--, aún hoy, para muchos siguen siendo vanguardia. El desarrollo de
Timón, carece de esos recursos como el mismo Timón. Pero porque no los
necesita. Timón ha decidido vivir en soledad, de forma sobria y con lo
indispensable para vivir. Timón –la obra-- ha sida escrita del mismo modo, en
soledad, de forma sobria y con lo indispensable para contar la historia. Es tan
lineal como una obra costumbrista.
Un hombre muy rico, Timón, que
siempre hace favores y regalos a amigos y paisanos, pierde su fortuna,
aparentemente por los mismos motivos, entonces pide prestado a los mismos
amigos, quienes se niegan al ver a su “amigo” ahora en desgracia económica y
por lo tanto inútil para ellos. En ese momento, el protagonista, comprende de
algún modo la naturaleza humana, carente de principios de amistad y gratitud
pero siempre parlotera sobre los mismos principios. Timón, no es alguien que
esté dispuesto a dar la otra mejilla; organiza un nuevo banquete y todos creen
que en realidad no estaba en quiebra sino que la noticia de su reciente quiebra
era simplemente una prueba de amistad, que dada la generosidad del hombre,
habría de considerar superada a cambio de una disculpa. Así, los invitados, sin
ninguna clase de escrúpulos, asisten y ven que el anfitrión sólo les ofrece
agua tibia, más una serie de ofensas: “beban perros”. Luego va a vivir en soledad
alimentándose de raíces hasta su muerte.
La ética de Timón
En todas las obras de
Shakespeare, sin excepción, los personajes se transforman. Timón se transforma
de un tonto inocente y generoso en una fiera de maldiciones que odia a la
especie humana. De un sibarita a un vegano casi jaimista. Durante el proceso de
transformación, primero emite algunos juicios irónicos, pero parece
transformarse en energúmeno ya avanzada la obra, justo en la escena III del acto IV: “Soy misántropo y odio a los humanos”
le dice al capitán ateniense Alcibiades, a quien además le concede lo máximo
que puede, “quisiera que fueras un perro, para quererte un poco”.
Pero le conmueve la naturaleza
inanimada: “Raíces aclaráis los cielos, tanto de esto hará blanco lo negro,
limpio lo sucio, recto lo torcido”. Y hace un perfecto diagnóstico del ser
humano: “No hay en nuestras malditas naturalezas, nada nivelado. Salvo la villanía
directa. Así que sed aborrecidas, fiestas, asociaciones y multitudes de
hombres. Timón desdeña, sí, a su semejante, a sí mismo.” Y luego suelta la inevitable
consecuencia de sus nuevos principios: “Aprieta destrucción a los humanos.
Tierra dame raíces”. Logra expresar su
odio al máximo al utilitarismo cuando invita a Timandra a ser solo la
consecuencia de sus actos: “Sigue puta, no te aman los que de ti hacen uso,
dales enfermedades si en ti dejan lujuria, usa tu hora picante, sazona a los
esclavos, para tinas y baños, tumba al rosado joven”. Y más adelante se dirige a ella y Frinia:
“confío en su oficio, continuad siendo putas, al que con pío aliento pretenda
convertiros, infladlos”… “peste a las verrugas”. Etcétera. Cuando agota todas
las ofensas posibles, mejor pide --de forma que de tan grotesca se vuelve
elegante-- a Alcibiades “llévate a tus sabuesas”. No recuerdo haber visto
nunca, al ser humano reducido a tan mínimo nivel.
Así vemos porque Timón, al
contrario de Hamlet, Yago, y Macbeth no necesita diálogo en off. No es por las
mismas razones que Romeo y Julieta a quienes su desbocada energía adolescente
les hace innecesaria la reflexión interior porque piensan a la misma velocidad
que viven. Timón es un viejo pero el actúa, no piensa. Hamlet y Macbeth se la
pasan, como buenos burgueses, en la vacilación, sometiendo a un escrutinio
secreto todos sus deseos. Solo piensan si lo que hacen está bien o mal. Por su
actuar les es ajeno y los sorprende siempre hasta el final, a una decisión que
además es mala. Halmet es ética y moral pura. No hay actos intermedios, solo el
discurso que lleva al contundente hecho final. Timón es pura razón práctica.
Solo ejerce lo que piensa, por eso no tiene diálogo interior, todo Timón es
externo, es humano, es raíz, es árbol. Es radical. Dice todo lo que pasa por su
mente sin necesidad de aduana alguna. Hamlet no podría decir lo que piensa
porque es indebido, por eso tiene que usar el fino desprecio, la ironía. Yago
no podría decirlo no por obstáculo moral, del que carece, sino porque
adivinarían sus planes haciéndose imposibles. Timón considera que lo que piensa
es lo correcto, que sus actos son suficientes y necesarios y confiesa odiar y
desear la muerte a todos, aunque en realidad no mata a nadie, lo cual para ser
un personaje shakespeareano es digno de consideración. Es la antítesis de los
otros personajes que habitan las mismas antologías pero que no consuma su odio
con el asesinato.
La ética de Timón es categórica mientras que
la de Hamlet es hipotética. Para Timón recurrir a un amigo cuando se está en
problemas era un hecho necesario y por eso quien llegaba a él era atendido.
Pero cuando él llegó no fue atendido. Para Hamlet, matar o no matar, ser o no
ser, depende de las circunstancias. Digamos que Hamlet es aristotélico y Timón
es kantiano. Hamlet para ser digno tiene que ejercer su derecho y venganza,
mientras que Timón para ser digno tiene que dejar de tener precio, justo como
precisa la ética kantiana y entonces conservar lo humano. Paradójicamente,
Timón odia al hombre justo cuando llega a amarlo, porque lo ama como un caso
particular de la naturaleza. Para Hamlet en cambio, no existe la naturaleza.
Todo es razón. La ética de Timón, lo
lleva a separarse del ser humano paradójicamente para ser humano.
Como consecuencia
inmediata… deja de matar animales. El
diálogo con Apemanto es revelador de su conciencia vegana:
APEMANTO. Y de noche Timón,
¿Dónde te acuestas?
TIMON. Debajo de lo que haya
arriba, ¿Y de día Apemanto, donde comes?
APEMANTO. Donde encuentre mi estómago
carne, o más bien, donde me la coma
TIMON. Si el veneno supiera
obedecer y leyera mi mente.
APEMANTO. ¿A dónde lo enviarías?
TIMON. A sazonar tus platos.
APEMANTO. El término medio de lo
humano tu jamás lo conociste, sino solo ambos extremos. Cuando estabas en tus
dorados y perfumes, se mofaban de ti por el exceso de quisquillosidad. En tus
andrajos no conoces nada de eso, sino que te desprecian por lo contrario. Aquí
hay pasas para ti, digiérelas.
TIMON. De lo que no digiero no me
nutro
APEMANTO. ¿Qué no digieres pasas?
TIMON. Así es aunque en verdad se
te parecen
APEMANTO. Si hubieras sido más
rápido para no digerir a los que se pasan, te querrías más a ti mismo que
ahora. ¿Conociste alguna vez a un manirroto que fuera querido después de haber
perdido sus medios?
TIMPON ¿Y a quien conociste que
sin esos medios de los que hablas fuera querido?
APEMANTO. A mí
TIMON. Entiendo, tuviste algunos
medios como para mantener un perro.
Cuando se cruza con bandidos no es distinto que cuando se
cruza con “amigos”:
TIMON “Vuestra necesidad es una gran necesidad de carne,
¿Por qué me necesitáis? Fijaos, hay raíces en la tierra; cien manantiales
brotan a menos de una milla; dan bellotas los robles, las mosquetas sus frutos
color púrpura; y la naturaleza, bondadosa ama de casas, en cada arbusto, pone
su mesa entera ante vosotros. ¡Necesidad? ¿Por qué?
PRIMER BANDIDO. No podemos vivir de pasto, moras y agua. Lo
mismo que las bestias, los pájaros y peces.
TIMON. Ni tampoco de bestias, de pájaros y peces. Tenéis que
comer hombres. Pero he de agraceros. Puesto que sois ladrones profesos, y no
obráis. Bajo formas más santas; pues hay robo sin límites, en muchas
profesiones limitadas. Bien canallas, ladrones, aquí hay oro. Id, chupad sutil
sangre de viña, hasta que la alta fiebre os gafa hervir la sangre con espuma y
así escapéis a la horca. No confiéis en el médico. Sus antídotos son veneno, y
asesina más que robáis vosotros. Tomad riqueza y vidas a la vez.
Timón no ve diferencia entre el humano y la bestia, pero se
inclina por la segunda. Perro es ofensa igual que halago. Timón está más allá
del bien y del mal y ha descubierto la esencia humana.
Un mensajero analfabeta saca un relieve en cera del epitafio
en la tumba de Timón que leerá Alcibiades: “Aquí yace un cadáver miserable, de
un alma miserable ya privada; mi nombre no busquéis, que una peste os consuma
malditos presos que aun habéis quedado. Aquí to, timón yazgo, que en vida odié
a todo hombre que vivía; pasa y maldice todo lo que quieras, pero pasa de aquí
y sigue tu vía…” Etcétera.