En el material se aprecian varias cosas, como la capacidad de "mando inútil": "tráeme una cadena", porque yo soy muy bueno para golpear pero malo para buscar. Luego, ante el reclamo, se justifica: "cuando tengas caballos me avisas", porque solo puedes saber lo que es maltratar cuando maltratas, "¿cuál es el problema, es tuyo o que? ya estás", porque si el caballo es mío su dolor también, "una nalgada, como a un hijo, se le da una nalgada", claro que con una cadena para que sea más efectiva. Y no podía faltar el reclamo a la falta de confort del que atormenta: "oye, ya déjame en paz", que yo estoy aquí muy tranquilo atormentando a un animal y tu vienes a perturbarme. Luego, en otro vídeo, que ya no mostramos por lo vergonzoso que es para el protagonista, una vez que ha sido sorprendido por la crueldad de las redes sociales, aunque no tan grande como la del tormento animal, pide disculpas tratando de mostrar su lado humano, apelando a la imperfección del ser humano, como si no fuera perfecta su maldad; y apela al amor a sus víctimas. Entonces su valentía se vuelve docilidad, se vuelve dócil a los latigazos y cadenazos despiadados de la opinión pública. Ya no da nalgadas a los niños, ahora reparte amor.
Lo impresionante no es el "arrepentimiento" una vez que es exhibido, pues es lo que hace todo "valiente" torturador de animales una vez que es sorprendido y nunca antes. Visto así, no aguanta ni la milésima parte de lo que aguantan alguno de sus atormentados animales. Bueno, hasta Hitler tenía esa táctica.
Lo que es impresionante es la reacción de la opinión pública que es sorprendida de que un atormentador maltrate a un animal.
La profesión de este hombre es rejoneador, que según el diccionario de esa vetusta institución llamada Real Academia de la Lengua Española -que ama el machismo y la fiesta brava- bajo su típica definición de tipo circular es "persona que rejonea", y rejonear significa,
"1. tr. En el toreo de a caballo, herir con el rejón al toro, quebrándolo en él por la muesca que tiene cerca de la punta."
Es decir, un rejoneador es alguien que hiere a un toro con cierta técnica.
Y herir según el mismo libro es:
"1. tr. Dañar a una persona o a un animal produciéndole una herida o una contusión."
Y dañar según la misma vetusta institución es según su segunda acepción: "2. tr. Maltratar o echar a perder algo. U. t. c. prnl."
Es decir, siguiendo las reglas de
la academia, un rejoneador es alguien que
maltrata a un toro.
Luego
entonces, lo que podríamos esperar de alguiEn que maltrata a un toro, es que
también maltrate a un caballo. Son animales muy parecidos, ambos son
domesticables, cuadrúpedos, cordados y mamíferos. Sin embargo, cuando maltrata
a un toro hay expresiones como esta (http://www.plazajuarez.mx/index.php/deportiva/item/24683-gran-tarde-de-emiliano-gamero) :
"Emiliano Gamero (de salmón y negro) no defraudo las expectativas de los
aficionados que se dieron cita en el coso pachuqueño y vino a demostrar porqué
resultó triunfador en la Feria Nacional de Aguascalientes de este año, le
correspondió abrir plaza lidiando a Gallo Negro, número 112, con 510 kilos de
peso, un toro bajito pero de muy buenas hechuras, bien rematado, musculoso y de
excelente juego, que desde su salida fue codicioso a las cabalgaduras de
Gamero, quién lo lidió extraordinariamente, colocándole dos rejones de castigo,
cuatro banderillas largas y dos cortas, llevando al toro muy templado con la grupa
de sus equinos, para realizar quiebros y cabriolas que le fueron ovacionadas
fuertemente por la concurrencia, gustándose en todo su quehacer taurino, para
irse por derecho a matar logrando una espadazo en buen sitio que fue
suficiente,..." y nos dice más basura.
Lo majestuoso es que "Lidió extraordinariamente, colocándole dos rejones de castigo, cuatro banderillas largas y dos cortas", es decir, toda una tortura comparada con los cadenazos que le dió a su caballo blanco. Pero cuando maltrata al caballo recibe de la misma afición torera, reacciones distintas. Armillita (otro torturador) rompe laboralmente con él, Heriberto Murrieta (un locutor) dice que rechaza el maltrato animal, Rodrigo Santos (otro torturador) dice que está en desacuerdo con cualquier maltrato animal (¿excepto con el asesinato?), Enrique Fraga, otro torturador, dice "cualquier animal recibe siempre el cariño". A tal grado llegan que ya es imposible saber si están bromeando.
Si golpea a un caballo está mal, pero si mata a un toro está bien. De pronto vemos a los torturadores de toros hablando como si fueran de greenpeace o de la sociedad protectora de animales. Como si fueran San Francisco de Asis. Francamente prefiero ver a un cavernicola tal como es, en su traje natural, maltratando como siempre hace, que a los cavernicolas diciendo que aman a los animales. La primera faceta del castigador le quedaba muy bien al personaje en cuestión, la segunda, ya disfrazado de San francisco de Asis como sus compañeros verdugos, ya francamente no le queda.
Los seres humanos creen que los animales son más valiosos mientras más se parezcan al ser humano. Si se parecen mucho como el chango o el caballo, merecen arresto pero no muerte. Los peces que son los animales cordados menos parecidos al ser humano, se consideran tan distintos que muchos "vegetarianos" los comen en sus dietas. Este es el especismo, determinar el derecho a la vida a partir de que tan parecida es una especie a la tuya. Por eso hay tantos protectores de animales que defienden gatos y perros pero no consideran ningùn problema en consumir carne.
Lo peor del especismo no es la deuda que tiene con la vida, sino la deuda que tiene con la lógica.